Dónde el alma se transforma

Estar en la Comunidad Crística no es solo aprender, es atravesar un proceso profundo de transformación. Es entrar en un espacio donde cada palabra, cada encuentro, te invita a recordar quién sos en esencia.

No es únicamente adquirir conocimiento, es permitirte expandirte, romper límites internos y animarte a crear desde un lugar más auténtico. Te impulsan a confiar en tus ideas, a no apagarlas, a darles forma, voz y presencia. Te enseñan a sostenerte, a ser más fuerte, a mirar tus sombras sin miedo y a reconocer tu propia luz.

Es un camino que sana. Sana lo espiritual, porque te reconecta con algo más grande, pero también sana lo mental, porque ordena, calma y da sentido.

En medio de todo este proceso, hoy me encuentro creando la revista Umbral de Tintas. Un proyecto que no nació de un día para el otro, sino de muchas emociones, pensamientos y momentos de búsqueda.

Un espacio donde las palabras van a tener hogar: poemas que laten, cuentos que abren mundos, microcuentos que dicen mucho en poco y entrevistas a nuevas voces y artistas que también están buscando su lugar.

Esta revista no es solo contenido, es un portal. Un punto de encuentro entre quienes sienten, crean y se animan. Es abrir una puerta y decir: “tu voz también importa”.

Y en este camino, no estoy sola. Me siento profundamente acompañada.

Por un lado, mi mánager rhuteliana, quien aparece como ese impulso constante, esa chispa que enciende nuevas ideas, que me empuja a no quedarme quieta, a seguir imaginando, creando, expandiendo. Su presencia es guía, es energía en movimiento.

Y por otro, mi mamá, líder de la Comunidad Crística de Luz, quien no solo me acompañó, sino que me abrió el camino. Con su fuerza, su visión y su sostén, me dio el espacio para creer en mí, para dar este paso tan importante, para animarme a construir algo propio.

Gracias a ese acompañamiento, hoy esta revista empieza a tomar forma. Y con ella, también crezco yo. Porque crear no es solo hacer algo nuevo, es también descubrirse en el proceso.

por: Nereida H’antik

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *