Hay momentos en los que sentimos que todo debería estar sucediendo ya.
Esperamos esa oportunidad, esa respuesta, ese cambio, esa persona o ese proyecto que tanto hemos deseado. Hacemos planes, ponemos todo nuestro esfuerzo y, aun así, las cosas parecen no avanzar.
Y entonces aparece una pregunta que puede pesar demasiado:
“¿Qué estoy haciendo mal?”
Quizá no estás haciendo nada mal
Pero quizá simplemente estás viviendo un proceso que todavía no termina de acomodarse.
La vida tiene una manera muy particular de mostrarnos que no todo depende de nuestra prisa. Hay puertas que no se abren porque todavía no es el momento de cruzarlas. Hay caminos que se cierran porque nos están llevando hacia otro lugar.
Y existen respuestas que tardan en llegar porque nosotros también necesitamos tiempo para estar preparados para recibirlas.
Esperar también es avanzar
A veces confundimos esperar con estar estancados.
Pero esperar también puede ser avanzar.
Mientras esperas, estás aprendiendo. Estás creciendo. Estás descubriendo lo que realmente quieres y, sobre todo, lo que ya no estás dispuesto a aceptar.
Quizá hoy no puedas ver el propósito de lo que estás viviendo. Tal vez algunas piezas todavía parecen estar fuera de lugar. Sin embargo, con el tiempo, muchas experiencias comienzan a cobrar sentido.
Lo que hoy parece un retraso, mañana puede convertirse en una protección.
Lo que hoy parece una pérdida, puede abrir espacio para algo nuevo.
Y aquello que pensabas que necesitabas quizá no era lo que realmente necesitabas.
No tengas miedo de avanzar despacio
Por eso, no tengas miedo de avanzar despacio.
No necesitas tener todas las respuestas hoy. Tampoco tienes que comparar tu camino con el de alguien más. Cada persona tiene sus propios tiempos, aprendizajes y momentos de transformación.
Confía en el proceso, pero no dejes de caminar.
Esperar no significa quedarte inmóvil. Significa continuar haciendo tu parte mientras permites que aquello que no puedes controlar encuentre su propio momento.
Sigue haciendo tu parte
Sigue preparando el terreno.
Sigue aprendiendo.
Sigue escuchando tu intuición.
Sigue cuidando aquello que sí está en tus manos.
Y cuando llegue aquello que estabas esperando, quizá descubras que no llegó tarde.
Llegó justo cuando tú también estabas listo para recibirlo.
A veces no es un “no”
A veces la vida no nos está diciendo “no”.
Simplemente nos está diciendo:
“Todavía no.”
Respira. Continúa.
Hay procesos que necesitan tiempo para convertirse en aquello que estaban destinados a ser.
Elizabeth Reyes – Facilitadora

